No es la primera vez

Cuando las inquilinas y las trabajadoras unieron sus fuerzas

La historia nos enseña que los derechos no se regalan: se conquistan organizándonos y haciendo fuerza colectiva. Estas son algunas huelgas que demostraron que, cuando paramos juntas, podemos cambiar las cosas.

Puño con llaves
1915Glasgow20.000 hogares

20.000 hogares se declararon en huelga de alquileres contra los abusos de los caseros. Las inquilinas organizaron la resistencia en los barrios obreros y llevaron la lucha hasta las fábricas. Cuando una de sus dirigentes fue llevada a juicio, 15.000 trabajadores de los astilleros abandonaron sus puestos y rodearon el tribunal. La fuerza conjunta de las huelguistas y el movimiento obrero obligó a las autoridades a actuar y contribuyó a conquistar las primeras leyes de regulación de los alquileres.

1931Barcelona100.000 personas

Cerca de 100.000 personas dejaron de pagar el alquiler en una de las mayores huelgas inquilinas de nuestra historia. Organizada desde el Sindicato de la Construcción de la CNT, la movilización desbordó los edificios y se extendió por los barrios obreros. Ante la represión contra las inquilinas, los sindicatos respondieron con una huelga general de dos días. La lucha por la vivienda demostraba su capacidad para movilizar a toda la clase trabajadora.

1969Italia10 millones

Diez millones de trabajadores paralizaron Italia en una huelga general por el derecho a la vivienda y contra el encarecimiento de la vida. La presión arrancó la congelación de los alquileres más bajos y un plan para construir 214.000 viviendas. Pero la lucha no terminó allí. La huelga abrió un ciclo de movilizaciones inquilinas, ocupaciones de viviendas vacías y creación de nuevos sindicatos. Durante los años siguientes, el movimiento consiguió nuevas conquistas, incluida una ley de regulación de los alquileres en 1978.

Huelgas que cambiaron las cosas

1855 La primera huelga general Tras la ejecución del dirigente obrero Josep Barceló y la prohibición de las asociaciones obreras, Barcelona vivió en julio de 1855 la primera huelga general del Estado. Bajo el lema «Asociación o muerte», miles de trabajadoras y trabajadores pararon las fábricas para exigir el derecho a organizarse.
1917 Huelga general revolucionaria Ante la subida descontrolada de los precios y la crisis política, UGT y CNT unieron fuerzas para convocar una huelga general revolucionaria. Pese a la brutal represión, la movilización hizo tambalear los cimientos del régimen de la Restauración.
1919 La Canadiense Una huelga iniciada por ocho despidos acabó paralizando buena parte de la industria catalana durante 44 días. La solidaridad obrera obligó a la patronal y al Gobierno a ceder. Entre sus conquistas, una que hoy damos por sentada: la jornada laboral de ocho horas.
1951 La huelga de tranvías de Barcelona Todo comenzó con un boicot popular contra la subida del precio del tranvía. Los vagones circularon vacíos y la protesta se extendió hasta convertirse en una huelga general contra el encarecimiento de la vida. En plena dictadura franquista, la movilización consiguió echar atrás la subida de tarifas.
1976 Huelga general por las libertades y contra la carestía de la vida En plena Transición y todavía bajo las estructuras de la dictadura franquista, CCOO, UGT y USO convocaron una huelga general el 12 de noviembre contra la congelación salarial, el paro y las medidas económicas del Gobierno de Adolfo Suárez. También exigían amnistía laboral y libertad sindical. Pese a la represión y a la ilegalidad de los sindicatos, la movilización reunió a más de dos millones de personas y fue decisiva para pasar página de la dictadura desde abajo.
1988 Huelga general del 14-D Millones de trabajadores paralizaron el país contra el Plan de Empleo Juvenil del Gobierno de Felipe González. Hasta la televisión pública dejó de emitir. La fuerza de la huelga obligó al Gobierno a retirar el plan y abrió paso a nuevas conquistas sociales.
2002 Huelga contra el «decretazo» El Gobierno de Aznar quiso recortar los derechos de las personas desempleadas. La respuesta fue una huelga general que paralizó sectores enteros de la economía. La presión sindical consiguió que el Gobierno rectificara buena parte de la reforma.
2010 y 2012 Contra las reformas laborales Millones de personas volvieron a la huelga contra los recortes, el abaratamiento del despido y las políticas de austeridad. Aunque no consiguieron frenar las reformas, las movilizaciones mantuvieron viva la resistencia obrera frente a quienes pretendían hacernos pagar la crisis.
2017 Paro de país del 3 de octubre Tras la violencia policial del 1 de octubre, sindicatos y entidades convocaron una huelga general y un paro de país. Cientos de miles de personas llenaron las calles de toda Cataluña y demostraron que, cuando paramos juntas, lo paramos todo.
2018 y 2019 Huelgas feministas del 8M Millones de mujeres salieron a las calles y llamaron a parar el trabajo, los estudios, el consumo y los cuidados. Las huelgas feministas desbordaron los centros de trabajo y demostraron algo fundamental: si las mujeres paramos, se para el mundo. Su fuerza colocó las reivindicaciones feministas en el centro del debate público.

Ahora nos toca a nosotras

Cuando las inquilinas se organizan, los caseros tiemblan. Cuando esa fuerza se une a la de los sindicatos laborales, podemos parar el país entero.

Los derechos que tenemos hoy se conquistaron luchando. La jornada laboral de ocho horas, las mejoras salariales o la regulación de los alquileres fueron el resultado de huelgas, movilizaciones y años de organización colectiva. Detrás de cada conquista hubo personas que se enfrentaron a sus jefes, a sus caseros y a gobiernos que parecían intocables. Personas como nosotras, que se organizaron y descubrieron que juntas tenían la fuerza para cambiar las cosas.

La historia de estas huelgas también nos recuerda algo fundamental: la lucha por la vivienda y la lucha por los derechos laborales siempre han ido de la mano. Las mismas personas que trabajamos para ganar un salario tenemos que entregar buena parte de él a nuestros caseros y a los bancos. Mientras los alquileres y el coste de la vida no dejan de subir, nuestros salarios pierden valor. Y cuanto más nos cuesta llegar a fin de mes, más difícil resulta rechazar un trabajo precario, enfrentarnos a nuestros jefes o sostener una huelga. La explotación que sufrimos en el trabajo continúa cuando llegamos a casa.

Por eso, hace más de cien años, las inquilinas de Glasgow y Barcelona comprendieron que necesitaban unir sus fuerzas con el movimiento obrero. Y por eso, en la Italia de 1969, diez millones de trabajadores paralizaron el país para exigir el derecho a la vivienda.

Hoy tenemos por delante una oportunidad histórica. Hemos llenado las calles, hemos conseguido victorias que parecían imposibles y hemos demostrado que la lucha colectiva puede arrancar derechos a los poderosos. Ahora queremos ir más lejos. Queremos bajar los alquileres, acabar con los desahucios, conquistar contratos indefinidos y recuperar el poder adquisitivo de nuestros salarios. Queremos que el dinero que ganamos trabajando sirva para vivir dignamente y deje de engordar los beneficios de unos pocos.

El próximo 11 de noviembre vamos a la huelga general por la vivienda y el coste de la vida. En cada barrio, en cada pueblo, en cada centro de trabajo y de estudio, tenemos la tarea de organizarnos para que la huelga sea masiva. Porque la fuerza que necesitamos para ganar está en nuestras manos, en nuestra capacidad de organizarnos y de actuar juntas.

Hace cien años, las inquilinas y las trabajadoras demostraron que podían cambiar la historia. El 11 de noviembre nos toca a nosotras. ¡A la huelga general!

11N · Paramos el país